¿Cuáles son tus cuentos?

Ayerim Berriel 04.02.2020

Gran parte de lo que te aqueja hoy en día tiene que ver con el poder que le das a tu narrador que habita en tu mente. Y que si obviamente tiene una programación que puede o no funcionarte. ¿Cómo te hablas cuando te equivocas, cuando alguien te decepciona, o cuando estás enfrentando una situación que te está sacando de tu zona de confort?

Generalmente tu narrador está programado por la forma en la que tus padres,abuelos o tutores te trataban y te hablaban. Y así a lo largo de los años vas buscando a gente que te sigue diciendo lo mismo y sin darte cuenta tu también sigues en ese entrenamiento mental para ver y sentir las cosas de determinada forma.

Los cuentos que nos contamos nos llevan a estar frente a la vida en una posición de vulnerabilidad constante, de injusticia, esperando que alguien más nos narre cómo va a terminar nuestra propia historia ¡Uff! Nada más fuerte que eso, permitir que alguien más decida tu historia. Los cuentos son eso lo que te inventas para no estar haciéndote cargo de tu realidad y poder transformarla.

Por ejemplo ,el cuento de:

“Ayerim vengo al consultorio porque me dejaron la semana pasada”

Nadie te deja , nadie te abandona y este es un excelente ejemplo de los cuentos que te cuentas y que al final del día generan heridas en ti. Imagínate que este cuento se lo dices a tus hijos, amigos, compañeros de trabajo ¡Uff! Ya programaste tu mente para evadir y desarrollar un sufrimiento que a nadie le conviene.

Solo los niños sin víctimas porque literal no tienen las herramientas para ponerse en una posición de responsabilidad ante la vida. El adulto si ¡Totalmente! El adulto puede darle un nuevo significado a lo que te sucedió o estás viviendo.

Jamás le contarías un cuento de terror a tu hijo que está triste o que está preocupado o no tuvo un buen día en el colegio. ¿Porqué a tu niño interno le sigues contando cuentos que le cortan las alas?

Y no se trata de contarte historias de colores rosas, pero si fuera del drama, lejos de la intensidad de aquellas emociones que en su momento fueron válidas pero hoy ya no, tuvieron que perder su fuerza y ser trascendidas.

Es momento de cuestionarse sobre el poder que le hemos dado a nuestro narrador interno, ¿De verdad ese cuento que te repites a diario te gustaría contárselo a los demás? ¿Quieres ser recordado por esa historia? Hay mujeres y hombres enormes y resulta que sus cuentos los hacen ver pequeños. Gente con tanto talento y poder interno que se minimizan en un cuento mal contado y no resignificado.

Quítale a tu historia los “debo de” “no puedo”  “me dejaron” “me hicieron” “me corrieron” O los “no hay”. Pero incorpora los “quiero, deseo, puedo, sueño, logré, busque, anhelo y aprendí”.